La voz

Si hay algo que esté de moda hoy en el mundo del periodismo es, en primer lugar, la discusión sobre si este va a ser o no el fin de la prensa tradicional, en papel y, en segundo lugar, el debate en torno al periodismo ciudadano. Ocúpemonos en esta ocasión del segundo, pues con los medios digitales y  su avance imparable ya hemos cubierto demasiadas entradas en este post.

El periodismo ciudadano, o, quizá, participación ciudadana, es básicamente un ligero intercambio de papeles entre el tradicional modelo emisor-receptor con sentido unidireccional. Hoy son muchos los medios que se dan cuenta de que con Internet las cosas pueden ser distintas que con el papel, que el paradigma de comunicación ha sido puesto totalmente en duda y que es el momento de traer cambios a este terreno.

A fin de crear un espacio para la participación de los ciudadanos, muchos periódicos digitales y portales de noticias han habilitado secciones especiales para publicar noticias de sus lectores. Estos periódicos pregonan a los cuatro vientos que nos han dejado un hueco a nosotros, a la gente de “a pie”; que este es nuestro momento y que nosotros hemos de colaborar con nuestras propias noticias, dando nuestra visión de los hechos y aportando datos al circo mediático.

Sin embargo, cada vez son más los medios alternativos que dan una importancia mucho más relevante, casi vital a lo que cuentan sus ciudadanos. Son medios del estilo de Soitu, en el que una noticia enviada por un lector puede aparecer perfectamente en portada. Pero esto deberíamos dejar de considerarlo intrínsecamente bueno y adorablemente democrático, y es que el gran problema que, según parece, pocas veces se plantea, es que la información de un internauta cualquiera jamás va a cumplir los requisitos imprescindibles (especialmente, la fiabilidad) para que una información pueda ser considerada periosística y difundible.

En efecto, no todos podemos ofrecer información al mismo nivel al que lo hace un periodista. No podemos llegar al desquiciante estado en que cualquiera, con cualquier pretexto o motivo pueda convertirse en un informador o un creador de opinión, que es lo que al fin y al cabo son los medios. Es que, en verdad, todo el mundo puede tener voz, pero no todos al mismo volumen.

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